Una preciosa sonrisa contagiosa…

¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Ainara nació con una extraña enfermedad,
no podía moverse como otros gatitos de su edad,
sin embargo, en casa nadie se iba a rendir,
tan bien como pudiera ella iba a vivir,
de eso Erika y Cristian se encargarían,
sus papás que por ella se «derretían».

Ainara, la gatita rubita de carita preciosa,
tenía una sonrisa tan hermosa
como increíblemente contagiosa;
algunas veces de verdad reía,
aunque en ocasiones lo fingía,
porque ver felices a sus papás le encantaba
y bromeando con ellos buenos ratos pasaba.

Pero no siempre todo fue tan divertido,
la pareja momentos muy duros había tenido,
cielo y tierra tuvieron que remover,
para que su dulce bebita bonita,
cuidados muy especiales pudiera tener.

Ahora, Mariona, la fisio que a su casita venía,
duros ejercicios cada semana le preparaba,
que la gatita mejor cada día hacía;
cuando la sesión acababa,
rendida la pobrecita estaba,
tal vez hasta de mal humor se ponía,
suerte que mamá «la rescataba»
y con bromas y cosquillas enseguida la animaba;
un poquito más tenía que aguantar,
en un rato con Mari tenía que estar:
la osteópata que le hacía masajes y estiramientos
y no creo en absoluto que miento,
si afirmo que más los primeros le gustaban,
¡que los «estirones» que le daba!

Daniela, su particular profesora,
¡Le enseñaba hasta las horas!
Bonitos dibujos además traía,
con los que la pequeña se entretenía,
pues ella misma los coloreaba
y a muchos juegos también jugaba.

La otra Mari, su terapeuta ocupacional,
divertidas actividades inventaba
que Ainara hacía hasta que se cansaba,
de manera cada vez más exitosa y genial.

La buena música no podía faltar,
con ella Nuria la tenía que ayudar
a desarrollar su memoria y su percepción
¡para ello debía prestar mucha atención!
Mamá junto a ella siempre estaba
y lo bien que lo hacía observaba,
con palmas y frases bonitas la obsequiaba;
Erika se fijaba en cómo sus profes los realizaban,
después madre e hijita los ejercicios repetían
y día a día de sus avances se sorprendía,
cada movimiento que su gatita conseguía,
era un maravilloso vuelco en su corazón
y la abrazaba emocionada, con infinita pasión;
papá y ella lloraban y reían de felicidad,
celebrando tremendamente encantados,
y enormemente ilusionados,
un nuevo añito de edad.

Cuando el sol lo permitía y un buen día amanecía
mamá y Ainara un paseíto por el parque daban,
a algunas amiguitas saludaban,
como a Princesa y Cenicienta
que era algo más corpulenta;
su desayuno o merienda con ellas compartían,
juntas mucho se divertían;
vitaminas naturales de los rayos del sol tomaban,
tal vez, hasta de un rico heladito disfrutaban.

Lindas mariposas las venían a saludar,
una realmente hermosa en particular,
su color, un precioso y espectacular lila,
quedaba retenido en sus pupilas,
creando un efecto extraordinario,
pues aunque las gatitas no la vieran a diario,
su bello color recordaban,
cuando sus lindos ojitos cerraban…

De regreso a casa a papá esperaban,
una bonita velada los tres tenían,
quizás alguna peli de vídeo ponían
hasta que se rendían y a la cama se iban,
debían descansar para al día siguiente madrugar;
mucho tenía Ainara que trabajar,
seguramente duro se presentaría,
pero ella bien sabía,
que cada nuevo bello día,
un nuevo reto sería
y lo tendría que superar,
para de esta manera demostrar,
que si luchaba podría vencer
y ya nada la iba a detener;
era perfecto además saber,
que adelante siempre saldría,
pues con ella afortunadamente tenía,
una familia con coraje maravillosa,
que de sus adelantos se sentía orgullosa.

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