Nada ocurre porque sí

Cuento especial para Nuria y Gueri

El árbol de Navidad María Rosa adornaba,
mientras sus hijas atentas la miraban,
instrucciones de ella esperaban,
pues a veces, sus consejos necesitaba. 
Mamá con sumo cuidado las guirnaldas ponía,
su cara sonriente «todo lo decía»:
estas fechas vivía con extrema felicidad,
cualquier cosa le encantaba, 
y enormemente la emocionaba,
si relacionada estaba con la Navidad.
La familia entera suspiraba,
y unánimemente esperaba,  
que con ricos manjares los conquistara
y con dulces pastelillos los obsequiara,
pues todos los invitados sabían, 
las maravillosas recetas que sus manos hacían.
Solo la pequeña Nuria muy triste estaba, nada la consolaba, 
se había roto el adorno de un angelito muy bonito
que le hacía ilusión poner en el arbolito,
nadie sabía cómo había pasado
pero roto la pequeña ya lo había encontrado,
en el envoltorio donde cada año, ella misma los guardaba.
Su querida mamá, María Rosa,
de mirada dulce y realmente hermosa,
las lagrimitas de su carita retiraba,
mientras con ternura sus mejillas acariciaba,
le dijo que otro angelito comprarían y en el árbol lo pondrían
pero Nuria decía que era su responsabilidad
guardar los adornos de Navidad
y no dejaba de llorar, pues sin poderlo evitar,
sentía en su corazón, el peso de la culpabilidad.
Su mamá entonces le pidió que al bosque la acompañara,
para que el disgusto se le pasara;
sabía que a Nuria le encantaba la montaña, 
más que a las arañas, tejer sus telarañas;
necesitaba unas setas especiales 
para sorprender a los comensales:
su sabor era muy particular 
pero difíciles de encontrar,
sin embargo, María Rosa sabía 
dónde con seguridad las hallaría.
Nuria comenzó a caminar por su cuenta
y sin ni siquiera echar cuenta
en donde los pies metía,
cayó dentro de un gran agujero 
y no por ser pájaro de mal agüero, 
os diré que si no hubiera sido 
por la suerte que siempre había tenido, 
otro gallo hubiera cantado,
pues difícilmente la habrían encontrado.
Resultó que el agujero era el refugio de un perrito
que para no ponerse malito, 
una cueva calentita se había fabricado, 
cuando su familia humana lo había abandonado.
Nuria en la camita hecha de ramas cayó.
lo que de un buen golpe la salvó.
El perrito al verla se sorprendió 
pero una gran sorpresa se llevó: 
a pesar de su mala experiencia,
había esperado con paciencia 
que su familia volviera 
y que como siempre lo quisiera. 
Enseguida con Nuria empezó a hablar, 
su nombre era Gueri, creía recordar.
A Nuria mucha penita le dio 
aunque decirle la verdad prefirió: 
por mucho que él esperase 
que su familia regresase, 
sería mejor que la acompañase,
un nuevo hogar le podría ofrecer,
ella siempre un perrito quiso tener,
mamá se lo había prometido,
y seguro que un ser eterno había querido 
que ella al agujero hubiese caído,
para que dos almas buenas se encontraran
y sus vidas relacionaran.
Gueri sabía que tenía razón 
y desde su gran corazón, 
la bondad de Nuria agradeció 
y a salir del agujero la ayudó. 
Gueri, con su tremendo olfato
tardó muy poquito rato
en encontrar a la llorosa María Rosa, 
quién pensaba cualquier mala cosa, 
menos que a su pequeña encontraría 
y a un buen amigo consigo traería.
Juntos y abrazados a casa regresaron, 
cantando villancicos en casa entraron,
Gueri fue el mejor regalo que ese año tuvieron,
los deseos de Nuria se cumplieron, 
sabía que de él nunca se separaría 
que el mejor amigo del mundo sería, 
con locura se querrían 
y juntos mil aventuras vivirían.

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