Un día, trepando por su árbol favorito,
el gatito Tico encontró a Federico,
un pequeño e inocente pajarito;
que la mamá regresara Tico esperaba
pero eso nunca pasaba;
Tico, migas de pan a Federico traía
y en su piquito las ponía,
éste las comía y fuerte crecía.
Un atardecer, Tico muchas hojas recogió
y en el suelo las colocó,
a lo alto del árbol subió,
dos hojas como alas utilizó,
desde allí se lanzó
y al montón de hojas cayó.
Federico, sin pensarlo, sus alas batió,
en su papá adoptivo confío, y saltó,
y de esta manera, a volar aprendió.
