Todas las letras eran chismosas,
algunas, se creían muy graciosas,
otras, «pecaban» de ser curiosas,
pero se explicaban sus cosas
y nunca estaban ociosas.
Entre varias se unían y se divertían:
una vocal, se juntaba con otra vocal
y formaban palabras sin sentido;
una letra consonante,
al lado de otra consonante,
¡es del todo malsonante!
pero ¡No importaba! ¡Daba igual!
para ellas, ¡era entretenido!.
El rey Letrellín, alegre y divertido,
con ellas nunca se enfadaba,
solamente les regañaba,
por si acaso, llegado el caso,
algún estudiante las necesitaba,
y ellas, haciendo el payaso,
lo hacían confundir,
cuando fuera a escribir.
