Alón, el anciano halcón

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Alón, el anciano y legendario halcón,
ya no era como antaño, un bravucón;
los años volando se le habían pasado,
lo cual no podría estar mejor expresado.
Hasta hace nada una aguerrida ave era,
respetado y temido por toda la pradera.
Su adorable esposa tejía con amor sus calzones,
mientras en el horno le cocinaba unos ricos canelones;
pero ya hacía unos años que ella le faltaba
y, a pesar de que a los ojos de los demás no lo aparentaba,
lo cierto es que con locura el halcón la amaba
y mucho en falta la echaba:
Linda siempre su complicado carácter entendió
y ante todos lo defendió y disculpó:
Alón debía hacerse de valer y respetar,
aunque a veces no fuera adecuada su forma de actuar
pero sólo ella sabía cómo era su halcón en realidad,
pues en el fondo era todo corazón y bondad…
Él nunca hubiera imaginado,
por más que se lo hubieran jurado
que lo peor de hacerse mayor, sería la soledad,
y aún más triste estaba en la época de Navidad:
sus hijos, un respeto que rozaba el miedo le tenían,
y cuando se hicieron mayores, casi ni a verlo venían.
Su esposa era quien cada año a sus hijos reunía,
pero desde que ascendió al cielo para siempre aquél día,
la familia no se había vuelto a reunir
y él era incapaz de sobras de amor pedir.
Ocurrió que uno de los nietos de Alón, el halcón,
a la Universidad de la pradera vino a matricularse,
ya que para ser integrador social, quería prepararse…

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