¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Serda, Alex y Patas, siempre se reunían para jugar a las latas,
probaban su puntería en una lata vacía,
su juego favorito en eso consistía;
todo lo que en el parque encontraban
los tres perritos utilizaban:
papeles, pelotas, piedrecitas,
todo lo que cogían con sus patitas;
otras veces sólo las derribaban,
muy bien juntos se lo pasaban.
Pero Serda, con Alex y Patas siempre se enfadaba
porque ella nunca en el juego les ganaba,
aunque esto realmente no le importaba,
que de ella se rieran, sí que le molestaba
y esto hacía, que ya se enfadase para todo el día;
Enfadarse no podía evitar, por ello prefería no jugar.
Mucho le gustaba este juego
pero no quería sufrir de nuevo;
si siempre iba a perder,
no valía la pena aprender.
Ellos le decían que practicase
que tal vez así les ganase …
aunque lo decían para de ella burlarse.
Les gustaba verla malhumorada
y cada vez que los veía, Serda su humor cambiaba,
pues cuanto más molesta la veían
más con la pobre se metían;
Su mamá, viéndola distraída
le preguntó qué le ocurría;
Serda llorando se lo explicó
y mamá el problema solucionó
pues una genial idea se le ocurrió:
como siempre que del “cole” llegaba
a tender la ropa a mamá ayudaba,
cuando el caldero de ropa vaciaran,
con las pinzas que sobraran,
dentro de él las tirarían
para probar su puntería,
¡Como un juego sería!
Al principio, la pequeña Serda perdía:
ninguna pinza en el caldero se metía,
pero mamá no se reía, con ella jugando seguía …
Mamá Dulce mucha ropa tenía
y como lavaba cada día,
Serda con ella jugaba,
y así su puntería probaba:
¡cada vez más acertaba!
Las pinzas en el caldero entraban:
¡seguro que sus amigos ya no le ganaban!
Un día, cerca de casa de Alex y Patas Serda pasó
y a jugar a las latas a ambos machitos invitó;
ellos se reían, que le gustaba perder le decían,
pero cuando el juego empezó,
Serda se concentró y que estaba tranquila con mamá imaginó:
Todas las latas una a una derribó y en las vacías su puntería atinó,
piedrecitas y pelotitas en ellas acertadamente metió …
A sus amigos boquiabiertos dejó
y fácil y tranquilamente les venció,
pero en ningún momento de ellos se rió,
de este modo una buena lección les dió,
no en vano, gracias a ellos algo aprendió:
que tener perseverancia y constancia
nos ayuda a adquirir en nosotros mismos confianza.