¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Pache, era un bonito mapache que vivía en Campeche;
comida entre la basura rebuscaba,
a veces, nada encontraba,
pero otras, un festín se daba
con lo que a los turistas robaba,
cuando no miraban y se despistaban;
su cueva tenía al lado de un enorme rancho
donde siempre sonaba música de “Los Panchos”.
Le encantaba escucharlos,
incluso con su esposa “bailarlos”;
tranquilos vivían con lo poco que tenían…
Lupe, la pequeña humana que en el rancho vivía,
en muy pocos meses, años cumpliría:
una gran y divertida fiesta daría;
muchas flores quería recoger
para la casa decorada tener,
por eso un día al porche salió
donde mil flores recogió;
un alacrán rayado que sobre una piedra estaba recostado,
al verse importunado y con su sueño perturbado,
a la indefensa Lupe se disponía a picar
cuando apareció Pache en el lugar:
El mapache sus brazos extendió,
un chillido emitió, el alacrán se asustó,
de allí huyó y a Lupe no picó.
Ésta, que toda la escena con pánico vivió,
hacia el heroico mapache se volteó,
pero él, corriendo se marchó.
Cuando Lupe al porche salía
miraba a su alrededor por si lo veía …
Así, rebuscando entre las basuras un día lo encontró;
sigilosamente, la pequeña lo siguió
y su guarida oscura y fría descubrió;
la música de “Los Panchos” de lejos reconoció:
su papá siempre los escuchaba mientras con mamá bailaba,
seguro que con la habitación de ellos la cueva comunicaba …
Lupe, de todo lo que podía le llevaba cada día
y astutamente se escondía para ver si Pache salía,
cuando el mapache a buscar comida iba, no se lo creía,
pues manjares en la entrada de su cueva había:
¡a su familia muy bien alimentaría!
Un día Lupe a acercarse más se atrevió,
pero Pache no se asustó,
las gracias le dió
y a su familia le presentó;
no obstante, era la niña quien estaba más agradecida,
porque él la había salvado de una buena mordida.
El día de la fiesta llegó,
Lupe de su amiguito se acordó:
un buen pedazo de pastel le llevó
y que para él cantaran los “mariachis” consiguió.
Pache estaba muy ilusionado,
nunca nada igual habría imaginado:
al compás de la música bailaba
con su bella esposa emocionada.
Papa Manuel les hizo una hermosa casita
y Lupe cada día les hacía una visita.
Todo cuanto quisiera tendría
tal y como se merecía, por su increíble valentía:
El día que a Lupe salvó, que ella lo viera no le importó:
no se paró a pensar en qué le podría pasar,
sólo a la niña quería ayudar.
La buena acción de Pache tuvo su recompensa
pues siempre tenía llena su pequeña despensa
buena música que escuchar para con su esposa soñar …