Gon el dragón

Gon, el dragón, vende hilos y ovillos de lana,

pero entre sus vecinos, no goza de buena fama …

Como saben que del dragón que Sant Jordi mató es descendiente,

equivocadamente, lo que temen, es que les hinque el diente

y por eso les cuesta entrar en su tienda a comprar.

Gon sólo se relaciona con su buena amiga, Engracia,

que vive con su familia en el Paseo de Gracia

y con un primo lejano, Andreu, vecino del barrio de Sant Andreu,

quien de la Fauna i Coats es trabajador

y los sábados, ayuda a Gon como vendedor.

El pobre dragón se desesperaba, en cerrar su tienda pensaba,

pero eso no lo haría feliz porque ya entró en ella como aprendiz …

Su madre a coser y bordar lo había enseñado,

su abuela clases de “media” y ganchillo le había dado.

Estaba muy bien preparado,

en las labores ponía esmerado cuidado,

aunque como a final de mes le costaba llegar,

cambiar de oficio se debía plantear.

Paseando por “Las Ramblas” un domingo,

pasó por el quiosco del señor Mingo;

en el periódico vio dos anuncios que parecían insignificantes,

pero que para él, eran realmente importantes …

¡Para un concurso de labores, buscaban participantes!

Su primo le animó a que se presentase,

puede que el concurso ganase,

y publicidad para la tienda le brindase …

Todos vendrían a comprar

y por fin labores podría enseñar;

esa era su verdadera vocación,

para ello se preparó con ilusión …

Andreu al final lo convenció,

Gon en el concurso se inscribió…

Al Parc Güell fue a buscar divina inspiración:

¡Quizás entre tanto arte tendría una revelación!

Y así ocurrió, pues viendo la escultura de la entrada,

una idea en su cabeza ya tenía preparada …

Y aunque ese mismo dragón no fuera,

el que tan mala fama le diera,

a punto de cruz decidió hacerle una labor,

con sumo cuidado y delicado amor.

Representarlo era un riesgo que debía correr,

pero ya nada el pobre, tenía que perder,

puede que con este dragón lo comparasen,

sin embargo, ya era difícil que a Gon avergonzasen,

pues, cualquiera que bien lo conociera,

sabía que él, un buen vecino era …

Y si alguien por la historia de Cataluña se interesase, pesase a quien pesase,

al famoso dragón encontraría, que en leyenda se convertiría,

por hacer que un caballero a su dama una flor ofreciera,

nacida de la sangre que tras su muerte él vertiera

y ésta un bello poema de amor a su amado escribiera.

Así es que Gon decidió hacer una labor preciosa

y creó una obra de arte maravillosa:

Un dulce dragón nada temerario,

rodeado de los peques del vecindario.

Así a él le gustaría estar y es lo que quería representar.

Pero a pesar de su aparente valentía, así mismo se mentía,

pues un pseudónimo para inscribirse utilizó,

ya que a usar su verdadero nombre, no se atrevió …

El día del certamen llegó,

su tarjeta identificativa al jurado enseñó

y a esperar el resultado nervioso se sentó.

Su obra fue la que el concurso ganó,

el incrédulo dragón al estrado subió

el jurado al verlo se sorprendió

pero Gon el premio recogió,

pues dando la vuelta al cuadro demostró

que de la obra era el autor

pues con un sencillo rotulador,

con su verdadero nombre había firmado

la obra que el concurso había ganado.

El jurado el premio le otorgó

el público en masa aplaudió,

porque una gran labor había hecho

y a ganar tenía todo el derecho …

Orgulloso en la tienda el cuadro colgó,

todo el vecindario a  felicitarlo se acercó.

Gon su negocio no tuvo que dejar,

cada día tenía alumnos a los que labores enseñar.

Y a todo aquél que por ella le preguntaba,

la leyenda de Sant Jordi con pasión le explicaba.

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