El aprendiz de bombero

¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Leo era un guapo perrito
de pelo corto y rizadito,
quería ser bombero,
¡el mejor del mundo entero!
Como aún era pequeñito,
lo único que podía hacer,
era jugar con su cochecito
a imaginar que tenía un deber,
que era intentar ayudar,
a quien lo pudiera necesitar
y a pesar de su corta edad,
ya tenía la capacidad,
para saber y comprender
que no se debe con fuego jugar
porque te puedes quemar.
A nuestro amiguito leer le encantaba,
hasta la biblioteca a veces se acercaba
y geniales ratos allí pasaba,
pues leyendo le parecía
que dentro de los cuentos se metía
y el mundo real ya no existía,
sólo aquél al que él se transportaba
en cada uno de los libros que ojeaba.
Otras veces era en casa donde su biblioteca montaba,
un puñado de cuentos cogía,
la graciosa frase ‘tú no vienes’ a cualquiera decía
y sus papás, Laura y Omar,
sabían que de él se podían olvidar,
porque ésa era su manera de hacer constar
que un ratito solo en su mundo quería estar.
A Leo le encantaba en su pueblo veranear,
¡miles de historias podía allí inventar!
El día del cumpleaños de su amigo Federico,
un gallo que tenía un largo pico,
a su fiesta invitó a todos sus amiguitos
que lo obsequiaron con muchos regalitos.
Biel y Guillem invitados también estaban
pues muy bien con Fede se llevaban,
eran además los que a Leo hacían más mimos,
ya que era su pequeño y querido primo;
sus abuelos Tere y Rafa también estaban invitados,
aunque se habían quedado algo rezagados:
Rafa había hecho delicioso chocolate a la taza
y Tere unas jugosas patatas a la brasa;
Josefina, la mamá del gallo Federico,
hizo un pastel deliciosamente rico,
recubierto de chocolate estaba
y virutas de colorines llevaba,
una pinta estupenda tenía,
seguro que pronto se acabaría.
De la fiesta estaban disfrutando,
riendo, jugando incluso cantando,
cuando de pronto empezaron a oler a chamuscado,
parecía que venía de la cocina,
eso dijo la gallina Josefina
que tenía una voz muy fina.
La mamá de Federico se había despistado
y el horno encendido había dejado!
un denso humo por su puerta salía,
incluso alguna llama ya se veía!!
Leo corriendo se levantó
y en la cocina en un plis plas se presentó:
ya sabía lo que había que hacer,
no había tiempo que perder,
el horno podía empezar a arder!
primero de todo el aparato apagó
y de cerrar bien la puerta se aseguró.
Federico le acercó un extintor
pero Leo comprobó con horror
que ninguna espuma sacaba,
pues al día siguiente caducaba!
su contenido se había secado
por eso las llamas no había apagado.
Fede, el bote de nata cogió
y a su amigo se lo pasó,
quizás su espuma las llamas apagase
y el fuego se sofocase,
aunque eso no era razonable
pues el bote era inflamable
y Leo esto sabía porque mucho leía;
así es que de nuevo el perrito tuvo que improvisar:
paños de cocina empezó a buscar, sobre las llamas los fue echando,
el invento estaba resultando!!
el mini incendio se iba apagando.
Todos aplaudieron la rapidez de Leo
que se sintió como un verdadero bombero.
Pero sin duda, la mejor aventura,
fue la que le pasó a nuestro amiguito
al tener que salvar a un lindo gatito;
con su amiga Rumba estaba jugando,
cuando oyeron a un gato que estaba maullando,
al patio de la casa salieron
y con sorpresa vieron
que Paco, su vecino el minino,
a la copa de un árbol se había subido,
seguro que detrás de algún pajarito habría salido!!
muy arriba Paco estaba,
casi ni se divisaba
pero maullaba y maullaba:
pidiendo auxilio estaba.
Leo, intentó trepar por el árbol frondoso
aunque sabía que eso sería peligroso:
los dos se podían caer
y su vida perder,
tenía que pensar con la cabeza,
para acabar de una pieza!
Recordó que sus papás guardaban unos colchones,
con los que jugaban a hacer competiciones;
al desván los fue a buscar,
Rumba lo quiso ayudar;
alrededor del árbol los iban a poner,
la idea era que Paco,
sin dejar pasar mucho rato,
sobre ellos se dejase caer;
pero antes de que lo acabasen de hacer,
los coches de bomberos en la escena se presentaron
pues algunos vecinos los llamaron.
Leo se entristeció porque su esfuerzo en vano resultó
sin embargo, el jefe de bomberos que su carita de pena vio,
enseguida lo entendió
y si quería ayudarlo le ofreció.
Leo sin dudarlo lo acompañó,
con el jefe por la escalerilla subió,
a Paco estaban rescatando
y a tierra firme bajando!
Leo estaba muy emocionado,
de nuevo, como un bombero había actuado.
De repente, a medio camino,
el pequeño minino se asustó
y de los brazos del bombero saltó,
suerte que en los colchones que Leo preparó
el gato Paco cayó
y ningún hueso se rompió!
El jefe de bomberos a Leo quiso felicitar,
ya que de manera ejemplar,
había intentado y conseguido
su altruista objetivo:
a su amigo salvar;
por eso le pondría una condecoración
que sería una gran distinción;
desde ese momento,
podía estar contento,
parte del cuerpo formaría
y si cuando fuese mayor quería,
miembro de su equipo sería.
Leo con orgullo su medalla exhibía
y con suma atención y alegría,
procuraba cada día,
seguir leyendo y aprendiendo,
porque así podría llegar a obtener,
todo lo que en la vida quisiera ser.

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