Dos alpacas, una Llama y un concurso …

¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Rossana y Malena eran dos alpacas de hermosa melena;
Rossana tejía hermosas prendas con su lana
mientras Malena hacía gorritos para sus sobrinitos,
muy bien ambas se llevaban,
los domingos juntas merendaban;
a veces al Machu Picchu iban de excursión:
para ellas era toda una diversión
pues con sus familias y amigos se reunían
a los que quizás hacía tiempo que no veían;
algunos en lengua quechua hablaban
y a los peques ilusionados se lo enseñaban,
por la tarde, las amigas al poblado bajaban.
Dama, era una llama vecina del barrio
quien con las dos alpacas se veía a diario …
pero Dama envidia les tenía secretamente
pues la lana de las alpacas encantaba a la gente
y sus prendas lucían divinamente;
sin embargo, la suya enseguida bolas hacía
por eso, tanto como la de ellas no se vendía.
La Llama a sus espaldas siempre las criticaba
y sin piedad las insultaba, con ellas se metía
que tenían las patas muy cortas decía,
no como ella, tan perfecta y esbelta
¡que casi media un metro noventa!
A oídos de Malena y Rossana estas habladurías venían
pero las dos amigas ningún caso les hacían …
nada les importaba lo que Dama creía y opinaba
pues sabían que era la envidia quien por ella hablaba;
Cierto día ocurrió que un problema aconteció:
el concurso de Marinera, tan espectacular, no se podía celebrar,
los famosos caballos que debían bailar,
de una extraña fiebre acababan de enfermar;
Dama se enteró y una disparatada idea se le ocurrió:
¡el primer año sería que una llama en el concurso participaría!
a uno de los caballos ella misma sustituiría …
Todas las compañeras de la alpaca se burlaron
pero Rossana y Malena a presentarse la animaron:
algunas veces la habían visto en fiestas bailar,
pensaban realmente que podría participar;
Dama sorprendida y boquiabierta se quedó:
que las alpacas la apoyaran nunca pensó,
muy avergonzada se quedó
y sin dudar, perdón les pidió;
pero éstas no le dieron importancia alguna
pues equivocarse puede pasarle a más de una.
La envidia puede tentarnos y cegarnos,
sin embargo, es de sabios perdonarnos.
Así pues, Dama al concurso se presentó
y para sorpresa de todos la primera quedó
pues con elegancia y destreza la llama bailó
y algo muy importante también aprendió:
no todos los mismos dones tenemos
pero debemos aceptar los que poseemos;
la envidia no es buena consejera
y por suerte para Dama fue pasajera.

Gracias a mis dos amigas del Perú.

 

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