¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Mariano, era un flamenco de Bolívia que tenía un defecto, la envidia.
De todo lo que poseían los demás, él siempre quería tener más.
Si Jose Luis un televisor de 32 pulgadas compraba
Mariano, uno de gama más alta deseaba…
si Juan Pedro decía que el Titicaca había atravesado
él hasta las islas del Sol y la Luna había llegado…
los bienes materiales eran sus preocupaciones principales,
mucha importancia a las cosas les daba,
sólo de las banalidades se preocupaba.
Tranquilo no vivía, siempre pendiente de lo que éste o aquél tenía.
Un día jueves que con sus compadres había quedado
la mejor torta de Bolivia había preparado;
en su zapa ricos manjares llevaba:
¡plátanos fritos, ensalada y el más sabroso choclo tampoco faltaba!
Nadie con él en esta ocasión podría competir,
pues de lo bueno, lo mejor, tenía por repartir;
En un banco del parque se había sentado
pues notó que estaba un poquito cansado,
cuando de pronto vió a su sobrino del cual era el padrino;
imitando la danza de los caporales con unos amigos estaba,
saltos acróbaticos y patadas al aire el flamenquito daba…
Simón cuando lo vió hacia el corrió:
mucho a su tio quería, gustos parecidos a él tenía.
De pronto una pelota en escena apareció
y un fuerte golpe en la cabeza a Simón le dió,
quien aturdido al suelo cayó y una patita se hirió.
Mariano, desesperado, fue en su ayuda asustado,
con destreza echó a volar para a su lado enseguida llegar…
a una ambulancia un vecino llamaba
pero viendo que mucho tardaba,
el propio Mariano al hospital lo llevó y de su lado no se movió.
La patita de Simón enyesaron, su cabecita vendaron
y tio y sobrino al parque regresaron
pues Mariano su espléndida cesta allí había dejado,
de cogerla ni siquiera se había acordado,
pues sólo de salvar a su sobrino se había preocupado.
Fue entonces cuando el envidioso flamenco cuenta se dió
de que este fortuito accidente una lección le enseñó,
pues a su sobrino había corrido a salvar
sin preocuparle lo que a su valiosa cesta le pudiera pasar.
Socorrer a Simón había sido su primer pensamiento
y no preocuparse por un simple acontecimiento.
El amor y la bondad son verdaderamente importantes
pero la envidia y el orgullo, sólo insignificantes.