Zali, el valiente quetzal

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Zali, el pequeño quetzal, es un peluquero con alma de aventurero;
le encanta a sus muchos amigos peinar
¡nuevos peinados con sus plumas crear!
Su estilo a lo “punk”aunque un tanto atrevido,
lo ha hecho ser el peluquero más conocido.
A desfiles lo invitaban, los famosos lo envidiaban;
en su “pelu”, largas colas sus vecinos hacían
pues que los peinase a la moda todos querían;
Pero Zali feliz no era, como podría pensar cualquiera,
todo lo que quería tenía, eso sí que lo sabía,
pero no era suficiente pues otro deseo tenía en mente:
su asignatura pendiente…
Mucho tiempo hacía que escalar el Acatenango Zali quería
pero cuando a alguien se lo decía, de él se reía:
!No era lo mismo cuatro plumas cortar
que a un activo volcán pretender bajar!
Zali, de lo que decían sus amigos se fiaba
pero en sí mismo nunca confiaba…
jamás podría un volcán escalar
¿ A quién quería engañar?
Por mucho que antiguamente se creyera, que el dios del aire era,
él sólo se sentía,como un triste peluquero, con alma de aventurero.
Un día, tomando con su papá un excelente café,
éste le pedía que en sí mismo tuviera fe;
pero Zali caso no le hacía, a los demás creía,
nada por conseguirlo intentaba y por vencido se daba.
De pronto, el timbre de la puerta escandalosamente sonó
y al otro lado de la puerta, su amigo Jonás apareció;
su hermana una alita se había fracturado
cuando sola al Acatenango había bajado:
como de ella se habían burlado,
escalarlo había intentado
y con unas piedras se había lastimado;
atrapada en una ranura estaba y no les contestaba…
Zali no lo pensó y del granero una larga cuerda cogió:
a su cuerpo la anudó y con Jonás al volcán enseguida llegó:
a sus amigos pidió que un extremo sujetaran
y que mientras él descendía,su señal esperaran;
Bastantes metros el pequeño quetzal bajó
y por fin a Tamara sin conocimiento encontró,
Zali se asustó pero la calma no perdió
y ponerse a su altura logró…
con una patita a la cuerda se sujetaba
mientras con sus alas a su amiga abrazaba,
ayudado con su pico su alita atrapada por fin liberó
¡y de una mortal caída la salvó!
Un tirón de la cuerda dió,
de esta manera a sus amigos avisó
para que de la cuerda estiraran y de allí los sacaran;
Tamara el conocimiento recuperó
y a Zali fuertemente se abrazó,
lloraba emocionaba, las gracias le daba,
que había sido muy valiente le repetía
y Zali, sólamente cuando oyó lo que ella decía,
de lo que había hecho, cuenta se dió
pues al volcán ese día había bajado
y en sus limitaciones no había pensado,
ni que no lo pudiera lograr o en que miedo podría pasar
pues sólo a su querida amiga quería salvar…
A veces, no sabemos lo que somos capaces de hacer
hasta que en nosotros mismos conseguimos creer.

 

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