Iron, el encantador rescatador

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Diego, el ejemplar rescatador, es un halcón encantador.
En las playas de Corralejo se formó como socorrista,
donde para ayudar a los bañistas, era el primero de la lista;
el buen y aguerrido rapaz peregrino,
muchas batallas ganadas tiene en su camino,
pues todos los terrenos Diego domina,
con su espontánea simpatía y su sonrisa pillina;
su alta velocidad en el vuelo puede variar de dirección,
lo cual le permite rápidamente “meterse en acción”;
sus amigos, por su gran fortaleza, Iron lo han apodado,
y con este sobrenombre, el curtido halcón está encantado.
En un principio, solamente al socorrismo se dedicaba,
pero tanto le satisfacía e interiormente le llenaba,
que la necesidad de ayudar a los demás, cada día aumentaba.
Ocurrió que la vida casualmente una oportunidad le brindó,
que Iron por fortuna no desaprovechó ni por alto pasó:
un amigo le comentó que para ser rescatador se iba a formar,
él pensó que también a hacer las pruebas, se podía presentar
y cuál su sorpresa sería, cuando por descontado las pasó
y a esta nueva aventura, su cuerpo y su alma le dedicó.
Para Iron, más que una profesión, ya era una vocación:
toda su energía en cada rescate empleaba,
y a veces, fuerza de donde ya no tenía sacaba;
enormes ganas y un tozudo empeño siempre ponía,
ya que si un salvamento felizmente se resolvía,
significaba su máxima satisfacción e inmensa alegría.
A salir de emergencias constantemente estaba dispuesto,
alerta y expectante, vigilando desde su puesto;
pero Diego, tal espíritu altruista e indómito tenía,
que sólo llenar su corazón con causas nobles quería.
En su tiempo libre mucho deporte de todo tipo hacía,
incluso, se había inscrito a una asociación
“donde había mucha acción”,
cuyos miembros mal llamados discapacitados,
estaban perfectamente capacitados
para participar en concursos, maratones
¡y ciento y una competiciones!
no les faltaba ilusión, esfuerzo, energía y valentía,
por eso Iron, el encantador rescatador,
en el momento en que se le requería,
con gusto en sus patas o en sus alas se convertía
y allí donde por sí mismos no pudieran llegar,
confiaban y sabían que el halcón los iba a llevar
y que para alcanzar la cima más alta y escarpada,
o la ruta más enfangada y empedrada,
con su Iron siempre podían contar.
Pero no en todas “sus misiones” Diego tan bien lo pasaba,
pues en algunas ocasiones su vida peligraba,
a altos riesgos a veces lo ponían,
cuando muchos irresponsables,
se colgaban de cuatro cables
y sin la experiencia suficiente,
de manera alocada y vehemente,
se lanzaban y aventuraban a hacer deportes arriesgados,
pudiendo salir ellos y sus rescatadores, muy mal parados,
pues ningún caso los descerebrados hacían,
a los consejos que los expertos como Iron les ofrecían
y entonces, tonta e injustamente a morir todos se exponían;
quizás la emoción de escalar los emocionaba y encandilaba,
pero buenos recursos para hacerlo no utilizaban,
en laderas de difícil acceso se adentraban
y aislados en ella sin remedio se quedaban …
El halcón aún recordaba a Mut, el mamut,
al que salvó de morir ahogado
porque con una roca se había golpeado
y se había desmayado;
río abajo a la deriva iba,
en su flotador de unicornio encajado;
si con su aguda visión Iron no lo hubiese divisado
y a por él en picado no se hubiera lanzado,
su cuerpo en alta mar sin vida habría acabado;
no obstante, sobre su pecho Diego se tuvo que poner
y un gran esfuerzo el desesperado rapaz hacer,
mientras unos primeros auxilios le practicaba,
pues Mut, el viejo mamut, ya no respiraba.
El halcón en su empeño no pretendía cejar,
en la medida de lo posible, morir no lo iba a dejar,
hasta que por fin el mamut al mundo de los vivos regresó
y toda el agua sobrante, de sus pulmones expulsó …
Numerosos eran los turistas que practicaban deportes acuáticos,
utilizando simplemente ridículos e irrisorios neumáticos;
también podría tener que rescatar nuevamente a Tor,
la irresponsable tortuga que siempre se quedaba sin motor,
y aún así, se empeñaba en navegar en su pequeña embarcación,
sin tener en cuenta una simple precaución:
arreglar la vía de agua que sufría
y por lo que continuamente su pesquerito se hundía …
Otras veces, de su equipo las autoridades requerían
y un perfecto trabajo todos juntos hacían,
localizando animalillos desorientados,
o que se habían quedado aislados,
y de víveres y medicinas, estaban necesitados.
También podían ser indispensables para un incendio sofocar,
o controlar los vertidos tóxicos y contaminación en el mar.
Así, entre experiencias divertidas
y otras menos agradecidas,
Diego, la intrépida vida que quería tenía,
la que enormemente lo complacía,
pues nada su corazón de amor más inundaba,
que si a un ser necesitado de algún modo ayudaba,
e incluso, en no pocas ocasiones, la vuelta a la vida les regalaba
y todo su cuerpo sentía un hormigueo reconfortante,
a la vez que maravillosamente espeluznante,
cuando miles de seres desesperados y agradecidos,
la mayoría de ellos, completamente desconocidos,
a su poderoso cuello, indefensos y exhaustos se aferraban,
después del buen susto a su salvador con adoración abrazaban
y probablemente, juntos de alegría y emoción lloraban.
Iron se sentía entonces el halcón más privilegiado,
y aunque su trabajo ni con oro estuviera pagado,
sabía que era un ser increíblemente afortunado,
ya que eran pocos los que podrían decir,
que su profesión les apasionaba y de ella podían vivir.

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