Nanu, el cobaya

¿Quieres que te cuente un cuento recuento?

Yuca y Nik, una profesión tenían de lo más “chic”,
eran dos pastores bellos e impresionantes
que trabajaban en el cine como “dobles” y figurantes.
Vivían en una casa grande y bonita,
donde recibían alguna que otra visita,
pues cuando no estaban en los estudios trabajando,
el bullicio que envuelve al cine, iban evitando.
Aunque tuvieran fama y dinero, para ellos, no era lo primero:
preferían vivir felices cuidando de sus naranjos y limoneros,
los fines de semana convertirse en excelentes cocineros,
refrescarse en la piscina con la manguera, bajo la higuera,
o leer frente a la chimenea, en el mes de Enero,
donde una tarde Nik, casi se quema el trasero…
Después de acabar de trabajar y aguantar tanta frivolidad,
muy celoso era el matrimonio, de preservar su intimidad;
apartados de los medios de comunicación les gustaba estar
y más aún tras el disgusto que acababan de pasar…
Yuca se había quedado embarazada,
pero había perdido el bebé que esperaba;
a una dura y complicada operación se tuvo que someter
y en consecuencia, cachorrillos, ya no podría tener;
por eso, Nik la intentaba animar cuanto podía,
pues con locura a su Yuca quería,
y aunque con él se enfadase, si de su plato comía,
él perdón le pedía, pues la pobre, una fuerte depresión tenía…
Un pequeño cobaya en su jardín se coló un día,
de los traviesos gatos del vecindario huía,
buscando una salida, despavorido corría;
Nik lo interceptó y también lo persiguió,
pero Yuca delante de su marido se interpuso y lo detuvo,
el pequeño cobaya se escondió detrás de ella como pudo;
la perrita de él se apiadó y que Nik lo echara impidió.
Inmediatamente Yuca lo adoptó, como su madre se sintió;
Nanu lo bautizó, pues en su nene se convirtió,
sin familia se había quedado, moriría sólo y abandonado…
Nik con esto muy de acuerdo no estaba:
¡cómo iba a ser la mamá de un cobaya!
Pero viendo de qué manera su mujer al pequeño miraba,
al buenazo grandullón, se le caía la baba…
Nanu, como un cobaya – perrito estaba creciendo
y de sus papás adoptivos, mucho iba aprendiendo;
como a papá Nik, el sol le encantaba y como él, lo buscaba:
quedándose dormido bajo sus rayos, su pelo tricolor casi tostaba…
Ambos huían al ver a mamá cargada con la crema bronceadora,
aunque de nada les servía, porque corriendo, ella era la ganadora;
poco podían hacer, sólo la dichosa crema, dejarse en la nariz poner…
Yuca disfrutaba preparando la comida para su hijito,
quien comía sus deliciosos guisos, como un bendito,
los alimentos que comían los cobayas, Yuca tuvo que aprender,
ese fue como madre, su primer deber…
su ración de pienso, su lechuguita y su fresco pepino, no le faltaban
y cada mañana y cada noche, dentro de su menú estaban.
Todo le parecía poco para su chiquitín
y como era un amor, se la ganaba, el muy pillín…
Los primeros días de cole, los compañeros de Nanu se extrañaban,
cómo podía creer ser hijo de semejantes ejemplares, todos pensaban;
sin embargo, a Nanu habían dado muy buena educación
y no se rendía así como así ante cualquier situación;
él sabía que tenía en verdad un cuerpo pequeño,
pero también, que de un gran coraje y fortaleza era dueño;
esos eran los valores que papá y mamá le habían enseñado,
el día que milagrosamente lo habían adoptado y su vida salvado
y aunque realmente Nanu su hijo no fuera,
y físicamente en nada a ellos se pareciera,
unos verdaderos y originales papás tenía
que por nadie en el mundo el cobayita cambiaría.

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